Chenel

Ya se  que un blog de un tio de izquierdas no es para rendir homenaje a un torero, no está en lo políticamente correcto en los tiempos actuales; podría contar con tres mil artículos sobre la tradición de la izquierda en los toros, pero no es el tema que nos ocupa, no lo voy hacer hoy. No tengo que justificar nada. Hoy, un poco tarde, quiero dedicarle estas breves palabras de homenaje a Antonio Chenel, “Antoñete” “. Porque poca gente me ha caído bien   como Chenel, -como le llamaba Molés-. Pocos toreros, en la plaza y fuera de ella, han transmitido el arte del toreo como Antoñete. Se ha ido uno de los grandes, uno de los últimos románticos del toreo, como dijo Joaquín Vidal:"Antoñete es de esos que van por la calle y dice la gente ahí va un torero. ". Hombre de pocas palabras. Una vez dijo una cosa que siempre la recuerdo, cuando afirmó, “ solo he tenido cinco pecados: Torear, beber, fumar, amar y jugar..." 

Ayer Joaquín Sabina-otro crápula- le dedicó esto: 

Al maestro Antoñete 
Esta tarde la sombra esta que arde,
esta tarde comulga el mas ateo,
esta tarde Antoñete(dios lo guarde)
desempolva la momia del toreo. 
Esta tade se plancha la muleta,
esta tarde se guarda la distancia,
esta tarde el mechon y la coleta
importan porque tiene importancia.
Esta tarde clarines rompehielos,
esta tarde hacen puentes las tormentas,
esta tarde se atrasan los mundiales.
Esta tarde se mojan los pañuelos,
esta tarde, en su patio de Las Ventas,
descumple años Chenel por naturales.

Y como no tengo tantas palabras para despedirlo, porque en  la prensa estos días se ha dicho todo, quien mejor  para despedirlo que otro gran maestro del periodismo: Joaquín Vidal , que publicó en El País, hace  muchos años, un articulo memorable titulado: “Con Antoñete vuelve la torería” Adiós Chenel, Adiós Maestro.

CON ANTOÑETE VUELVE LA TORERÍA. Joaquín Vidal, El País, junio de 1981.Clica aquí para ver el enlace


La torería vuelve con Antoñete a iluminar la lidia y pone término a la larga noche de los pegapases.Esta fiesta ha sido sojuzgada por la dictadura de la mediocridad, en criminal confabulación con ordinarieces y desvergüenzas, y quienes la aman —incluidos profesionales tanto como aficionados— han tenido que pasar por carros y carretas, años y años, viendo cómo toda la delicada trama del arte de torear, siglos de historia del toreo, la propia integridad física y la casta del toro, caían, pisoteadas y humilladas, por la pendiente de la decadencia. Pero alguien ha llegado a tiempo. Gracias a unos mecanismos correctores oportunamente arbitrados, la lidia se produce en plenitud en la primera plaza del mundo, y en el momento crucial han reaparecido los toreros veteranos, verdadera reserva espiritual del occidente táurico. La vuelta de Antoñete, como la de Manolo Vázquez, han sido una bendición para la fiesta, pues vienen a derramar esa torería de la que el espectáculo se había quedado totalmente vacío. Nos sobraban pegapases. En las dos últimas décadas habíamos tenido de todo, excepto el toro, que sólo salía de cuando en cuando y nunca para figuras: desde toreros bufos cuya zafiedad se manipulaba para fingir que era gloria bendita y trampear millones con ello, hasta campeones del derechazo, disparatadamente ensalzados y enriquecidos, cuyo palmarés de trofeos no lo ha habido igual en toda la historia del toreo. Ni Joselito y Belmonte juntos cortaron en su vida tantas orejas y rabos como cualquier burdo pegapases de las últimas hornadas en un solo año. La torería de Antoñete el domingo en Las Ventas, sin ir más lejos, hizo los efectos de un complejo vitamínico que va a fortalecer el espectáculo. La torería no es una técnica, aunque en ella se apoye. Es una actitud, fruto de un convencimiento. Hay torería cuando el torero se siente torero, no importa si en el ruedo o en la calle, y se sabe investido de la dignidad que es inherente a su profesión. Ya en el ruedo, la torería se produce en cualquier circunstancia de la lidia. La torería de Antoñete emanaba de toda su actuación, en los distintos tercios, delante del toro, al margen del toro. Y de sus intervenciones concretas: el capote abajo, para fijar las embestidas; aquella verónica del quite al segundo y, sobre todo, la media verónica, impresionantemente larga y honda; la forma despaciosa y solemne de andarles a los toros; la distancia para el cite y la apostura del mismo cite; el temple; el armazón de cada faena; todo eso es, era el domingo en Antoñete, torería de la mejor ley. Y luego las trincheras, los pases de la firma, el redondo a la vez dibujado con sutil trazo y embebiendo con empaque las embestidas, cuyo sabor torero llegaba a embriagar. De todo esto hubo en las tres faenas de Antoñete, aunque en la primera quizá se pasó en la reiteración del derechazo, y el toro, que era manso, acabó por desentenderse del engaño, mientras en la última le impuso respeto la casta del Bohórquez y cortó los intentos de lucimiento para aliñar. Pero sobre todo lo hubo en la segunda, cuyos principios fueron de fiesta mayor. Los ayudados, la serie inicial de redondos perfectamente ligados, el pase de pecho, fantástico, hicieron saltar al público. El Bohórquez era excelente, y lo toreaba con gusto Antoñete, aunque las siguientes tandas bajaron de tono. No llegó a acoplarse con la izquierda y, cuando volvía alderechazo, el desliz del enganchón restaba calidad a las series. Finalmente, hubo unos ayudados enormes que relanzaron la importante faena a la apoteosis del principio. ¡Maravilla de toreo! Pero hay que matizar. Por supuesto que los muletazos eran de extraordinaria factura, mas no como establecen los cánones. Algo faltaba. Cuando los antiguos tratados fijaban la regla de parar-templar-mandar, el maestro Domingo Ortega añadía: "... y cargar la suerte". Los antiguos tratados tenían por ociosa la aclaración (por eso no la incluían), porque absolutamente todo el toreo se basa en la técnica de cargar la suerte, ya que, en otro caso, ¿cómo parar, templar y mandar? Este es el reparo serio a la faena de Antoñete: que dejaba la pierna contraria atrás en la ejecución del toreo al natural y en redondo. Y no se hace la observación por dogmatismo, que nos repele, sino por lógica. Pues cuando el toreo se realiza con la suerte descargada (una moda que impuso Ordóñez por cierto), además de producirse una inquietante contradicción entre pureza y estética, hay dudas sobre la categoría del dominio que se ejerce sobre el toro. (...)

1 comentario:

  1. Tu dices como justificándote,que eres de izquierda y te gustan los toros. te digo que precisamente por ser de izquierdas es que considero que amo y respeto la vida. Me parece que los que tenemos la certeza de que no hay nada después valoramos más la existencia de todos(incluídos los animales) los seres vivos.

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