El rumano

Si se hace una encuesta entre los españoles y se le pregunta ¿somos racistas? La respuesta sería, en un tanto por ciento, muy alto: No. Los españoles no nos consideramos racistas. Pero una cosa es lo que creemos de nosotros mismos y otra lo que somos con nuestros comportamientos. Voy a contar un caso que esta misma mañana he presenciado en una oficina de la Seguridad Social a la que he tenido que ir para un asunto personal. Era un día que presumía que hubiera colas, por los días de fiesta y todas esas cosas, He llegado y como esperaba, había cierta cola que ha ido en aumento mientras he estado en dicha oficina. Me puesto en ultimo lugar de la cola y, como buen ciudadano, esperado el turno -aquí todavía no ha llegado los modernos aparatos esos que avisan de tu turno- al rato de estar esperando ha llegado un hombre con aspecto un poco desaliñado, o para hablar claro, tenia toda la “pinta” de un miembro de la clase social que ha desplazado a los gitanos de los puestos más ínfimos de la consideración social española: los rumanos. Este hombre ha “osado” colarse en la cola, que disciplinadamente, como buenos súbditos, estamos guardado todas las personas allí presentes. Lo que he oído, superaba, con creces, al mejor estilo-Federico de la COPE. A este hombre se le ha formado el “dos de Mayo” aparte de “mandarlo a la mi…..”y mas lejos de su país de origen . Una Señora (con aspecto-tipo Duquesa de Alba) le ha dicho lo que no hay en los escritos; “que se cree que nos va quitar el trabajo y encima se cuela. Hijo de…”.”La culpa es de Zapatero” y la “seca esa” y la Rosa Aguilar esa, que les da pisos gratis,no se los da a los de aquí y se los da a los rumanos, así se vienen todos” “rumanos y moros lo que tiene que hacer es lavarse.” “que andan pidiendo, ¡ha trabajar los ponía yo!”. Esas y otras lindezas las he oído no de una persona, sino de varias esta mañana. Usurpando las esencias patrias, quitándonos el trabajo, y el colmo de todos los colmos, ¡que se cuele en una cola! Y para mas inri ¡un rumano!. Yo les he trasladado –con poco éxito- que “caraduras” hay aquí, en España, en Rumanía y en Cincinnati. No me han escuchado. Al final he decidido no perder el tiempo y esperar a que el simpático funcionario de la SS me solucionara mi problema. Recordé en ese momento el maravilloso artículo de Rosa Montero que escribió en su día en El País titulado El Negro Y que aquí podéis leer.

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