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sábado, 23 de febrero de 2013

A mis cuarenta y trece

Hoy, hace justamente 53 años, la "Ángelita" había dado a luz a un servidor; por tanto, hoy 23F, cumplo años. Con la que está cayendo, muchas ganas de celebrar no hay. Pero sin embargo, un cumpleaños, siempre es un buen motivo para seguir contándolo. Sospecho que hoy no sobrará el cariño de los míos. Son los que son y eso es lo que importa. Os dejo con el maestro Sabina y sus cuarenta y diez. Esa hermosa canción que el maestro de Úbeda escribió cuando cumplió 50 y que habla de ese ‘delicado momento de empezar a pensar en recogerme, de sentar la cabeza, de resignarme a dictar testamento (perdón por la tristeza)‘. Gracias a todos los que hoy os habéis acordado de mi. A mis cuarenta y trece


sábado, 12 de enero de 2013

Hay tres clases de tontos...

Hay tres clases de tontos: hay tontos que tontos son, hay tontos que tontos se hacen y hay tontos que quieren hacer tontos a los que tontos no son. Cuando escriba mis memorias lo explicaré más detalladamente.  Sabina nos da alguna pista. Atentos

jueves, 3 de enero de 2013

Noches de boda

Todos pedimos que a partir de hoy, en este nuevo año, que todas las noches sean noches de boda, y que todas las lunas sean lunas de miel. Como canta Sabina en una de sus grandes canciones. Aunque visto lo ocurrido ayer en Málaga, con el hombre quemado a los bonzo, va ser algo complicado. La primera en la frente. Tiene, esta canción, algunas frases autenticamente antológicas, como "que el fin del mundo... te pille bailando", simplemente brillante. O "que no se ocupe de tí el desamparo,que cada cena sea tu última cena, que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. O aquella de: "que no te compren por menos de nada, que no te vendan amor sin espinas, que no te duerman con cuentos de hadas, que no te cierren el bar de la esquina". Una de las mejores formas que conozco para desear cosas buenas a alguien con esta ranchera. Lo dicho, un deseo para este año, que todas las noches sean noches de bodas. Como los toreros  ¡va por ustedes!



viernes, 30 de noviembre de 2012

Conductores suicidas




Hoy el gobierno de Rajoy nos ha metido otro sablazo. Hoy le ha tocado a  las pensiones. Vamos  a ese camino a ninguna parte y el vehículo lo llevan unos conductores suicidas. Así que cada vez que oigo esas palabras me acuerdo de la canción de Sabina y de un  artículo que  Juanjo Millás publicó hace unos meses y lo inserto aquí porque, efectivamente, creo que somos muchos los que estamos hartos de que nos prometan unas cosas y luego hagan otras. Que, además, nos traten de gilipollas y nos engañen como chinos. Como dice Millás en su articulo, el problema del conductor suicida no es que se mate el, es que que nos mate a todos los españoles

A Quién creer.
 El problema con el conductor suicida no es que se mate él, es que mate a una familia que va tranquilamente a Cuenca en su Skoda Octavia respetando todas las señales de tráfico. No sabemos cuántos huesos se rompió Zapatero (parece que ninguno) aquel día de mayo de 2010 en el que se puso a conducir, contra su propio código, a 200 por hora. Pero a nosotros, sus votantes, nos reventó literalmente. ¿Dónde va ese loco?, decíamos mientras él hacía señas de que éramos nosotros quienes conducíamos en la dirección equivocada. Lo malo de estas conductas indeseables es que provocan enseguida imitadores. Ahí tienen ahora a Rajoy saltándose todos los stops y cedas el paso que había jurado respetar, y con los mismos argumentos que su antecesor: el de escuchar voces que le impelen a tomar las direcciones prohibidas de la autopista. Las voces obligaron a Zapatero a ciscarse en su programa como obligan a Rajoy a cagarse en el suyo. Lo raro es que las voces que escuchan los políticos son siempre de derechas, al modo en que las órdenes que escucha los locos son siempre las de matar. Si no lo hacemos, dicen, nos obligarán a hacerlo. ¿Quiénes?, preguntamos. ¿Las mafias financieras, los especuladores bursátiles, los pistoleros de los unos y de los otros, quizá el mismo Dios? Tanto nos da. Un político que oye voces debería dimitir, convocar elecciones y volver a presentarse con el programa de las voces. Eso sería lo decente, pero la decencia, en La Moncloa, dura menos que un porro a la puerta de un instituto. Algún beneficio personal obtendrán, aparte del de salvar a la patria, que tampoco, porque la patria era la familia que iba a Cuenca en el Skoda Octavia. En poco menos de un año, entre unos y otros, han convertido la política en un burdel. Gracias, querida Narbona, por decirnos lo que ya sabíamos. Pero llega un poco tarde. A quién creer.
Enlace a El País

lunes, 7 de noviembre de 2011

Una de romanos


Recuerdo a un compañero de trabajo-madridista radical- que me decía cuando se celebraban los Barça-Real Madrid siempre alquilaba una película. Con la intención que si el barça marcaba en los primeros minutos, o jugaba espectacularmente, cambiaba el canal y se ponía a ver una película. No soportaba la humillación a su equipo.
 Esta noche el cara a cara que protagonizarán, R & R. haré igual que mi camarada de trabajo. Ni siquiera empezaré a ver los primeros minutos del debate. 

No hace falta saber que no será un debate,  que será un monólogo de R&R, que sólo habrá diferencia en la camisa o el color de la corbata. La chaqueta es la misma. No hace falta llegar a esta noche para saber que no es un debate, Solo serán preguntas pactadas de antemano por los “fontaneros” de ambos partidos y las repuestas no se saldrán del guión preestablecido. Para que no haya un ganador por goleada. Y los medios informativos tengan mañana de que hablar. 

!Señores y señoras, si lo desean, tomen asiento y vean una buena pelicula !  Yo veré una de romanos!





lunes, 21 de diciembre de 2009

De purísima y oro




En estos tiempos que leo y oigo cosas en contra de los toros , siempre recuerdo a Picasso, a Bergamin, a Alberti, a Joaquín Vidal, a Miró. Recuerdo a J. Sabina y su memorable articulo titulado:


De purísima y oro



Mis hijas no han visto nunca (ni ganas) una corrida de toros: pa lo que había que ver... Pero su padre les contará, babeando de orgullo y emoción, que una tarde en Linares, en el 60º aniversario de la muerte de Manolete, parece que fue ayer, y minutos antes del torniquete de corbatín que no impidió que regara la arena con su sangre, le brindó un toro José Tomás, esta vez, sí, de purísima y oro.



La historia viene de lejos: hasta el abajo firmante, en el dorado ocaso de Curro y Antoñete, estaba a punto de pedir el carné de miembro de la sociedad protectora de animales, cuando empezó su vida pública José Tomás. Como tantos otros que, después de 20 años, o de 60, ayer, en Linares, han vuelto a las plazas para respirar ese perfume de verdad, de misterio y de leyenda que solo él encarna a manos llenas. Nadie que uno haya seguido respeta tanto al toro y a sí mismo hasta el punto de no concederse la más mínima ventaja. Nadie. Su terreno es el del toro. Lo he paladeado en sus cuatro etapas: al principio, la revelación; antes de retirarse, la duda; retirado ya, la tortura interna, la reflexión y, por fin, en su gloriosa y apasionada vuelta, la insobornable madurez, la confirmación cabal de la leyenda. Lo he aplaudido, he sufrido y gozado con él, de qué manera, en Barcelona, Madrid, Lima, El Puerto, Almería, Linares, etcétera. Estuve en la Monumental, del brazo de Serrat, soportando en trance la kale borroka antitaurina la tarde de su ruidosa reaparición. Incluso alguna vez, hace un lustro, me sorprendí a mí mismo en un tendido de Las Ventas peleándome a gritos -sí, como un energúmeno, ¿pasa algo?- con los inevitables antitomistas (los maniqueos, ¿recuerdan?). He disfrutado de su palabra, tan sabia como escasa, de su inquietante mirada y de su noble amistad estos años de ausencia de los ruedos y puedo asegurarles que si, como decía el clásico, se torea como se es, no hay mejor paradigma que Tomás. ¡Qué falta hacía! Como es carne de copla y de soneto he escrito mucho sobre su arte, pero siempre se queda uno tan corto... ¿Cómo estar a la altura de la sangre? Empecé a sospechar cuando me hizo saber por terceros, con exquisita discreción, que quería invitarme a Linares. En el viaje de ida corneaban isleros mi barriga. Hotel Cervantes. Dos entradas de barrera. Como en una postal sepia me acordé de mi padre, con quien iba de niño a la feria de san Agustín. Mesa camilla y pantalones cortos. Sabía, eso sí, que haría el paseo de purísima y oro. No como Manolete, que fue de palo rosa, sino como la licencia cromática que me permití en una canción que ayer acabó de unirnos para siempre.
Tendido 2. Bordados de capote en la barrera. Allá se vino con esa solemne naturalidad marca de la casa que atesora como un sacerdote que oficiara un rito pagano y olvidado. Yo me desmonteré también, temblando (pedazo de panamá, oiga). No diré lo que dijo en el brindis. Eso queda para mí. Pero supe lo que se siente con una montera húmeda en la mano cuando el torero, mi torero, se inmola en el culto sagrado de la vergüenza torera, la pasión y la sangre. También sé que no podré explicarlo. Me haría falta la pluma de Joaquín Vidal con ese tono tan suyo de moderno revistero antiguo. Luego la enfermería, la del cloroformo, la de Manolete, y después los teléfonos ardiendo en el hospital ya de vuelta a Madrid, con una luna como de albero, más redonda y más naranja que nunca, porque toco mañana en Illescas, y con Vinatero (así se llamaba el de Núñez del Cuvillo) esta vez en la barriga y estatuarios en el alma, sintiéndome, perdonen la arrogancia, casi culpable. Cúchares me dispense pero no puedo dejar de pensar que, no tan inconscientemente, el de Galapagar hizo lo posible y hasta lo imposible, porque el toro se las traía y miraba y avisaba, para estar en la misma camilla, en el mismo gajo de terreno, en el mismo purgatorio con azogue del espejo en que se mira: Manuel Rodríguez Manolete. ¿Se trata de un loco? Nada más lejos. Se trata, sobre todo, de un hombre, de un torero, de un artista, con un orgullo que no deja sitio a la vanidad, de corazón caliente y sangre fría con creces derramada. De poetas, no de paparazzis, de telediarios, de informes semanales, no de inmundos tomates. Bendito sea. Más místico que épico. Más heterodoxo que académico, con más duende, más único que nadie. En tiempos de emociones tan triviales, tan de usar y tirar, la mano izquierda de Tomás redime. Que se lo pregunten a Vicente Amigo, a Jorge Sanz, a José Ramón de la Morena y a tantos otros, incluido el sublime Morante de la Puebla, que ayer lo vio, estupefacto, como yo. A estas alturas de cantantes todo a cien, poetas muertos y controles antidoping, me queda una sola adicción y la más grave: se llama José Tomás y, como cura de todo, no tengo intenciones de curarme. Gracias, amigo. Salud, maestro. Cuídate lo justo.
Joaquín Sabina. Desde el tendido 2.Podeis leerlo aquí