domingo, 31 de agosto de 2008

Atunes en el paraíso

Me voy unos días a Conil,siguiendo el ejemplo de la canción de Javier Ruibal, me voy a pescar "Atunes en el paraíso", me voy ahora en septiembre, a pesar de la crisis, a pesar de la incertidumbre que da el ver los veladores vacíos y los camareros ingresando en las listas del INEM(perdón, en Andalucía se llama SAE) Para mi coger unos días en septiembre significa tranquilidad,tomarse una cervecita sin bulla también tiene su encanto y desde que estoy pre-jubilado administro mi tiempo y mi dinero como puedo y debo, como decía don Antonio Machado : “A mi trabajo acudo y con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito”
Vamos a ver como está Conil ahora en Septiembre, cuando apenas le quedan unos días de verano. Los últimos turistas de sol y playa disfrutando de una costa gaditana, ahora, mucho más tranquila, por momentos hasta desierta. Es la época ideal para todos aquellos que queremos estar unos días para deleitarse con el mar, alejarse del bullicio y de las altas temperaturas; en definitiva "vivir la calle y el mar sin bulla". Bueno , queda dicho: "a pescar atunes en el paraíso".Os dejo con Javier Ruibal.Hasta la vuelta.

viernes, 29 de agosto de 2008

La prensa provincial hoy

Noticia aparecida en la prensa provincial hoy ,en el ABC Córdoba y El Día de Córdoba, sobre la remodelación de gobierno en el ayuntamiento de Fuente Palmera

lunes, 25 de agosto de 2008

El pelma ante los plastas


Muy bueno e ilustrado artículo el que he leído hoy-con más de un mes de retraso- en la columna de Javier Marías en el País Semanal, titulado El pelma ante los plastas, a cuenta de la obsesión algunos por cambiar el lenguaje y, sobre todo, las palabras invariables que no indican sexo.
Aquí os lo dejo y recomendar a todos(y todas) su lectura completa.:

El pelma ante los plastas

JAVIER MARÍAS
EL PAIS SEMANAL - 13-07-2008

El peligro de escribir un artículo cuyo tema ya le aburre a uno es que probablemente aburrirá a los lectores también, así que les ruego que me disculpen, de antemano. Pero la insistencia es tal, y la cerrilidad, y el no estar dispuesto a entender, que se hace obligado salir al paso una y otra vez. Lo peor de los feministas profesionales –y digo “los” a conciencia, porque cada vez hay más varones cobistas, que razonan con aún mayor simpleza que las policías de la feminidad– es que nunca responden a los argumentos que se les oponen. Tienen decidido que la lengua es machista y sexista –cuando sólo puede serlo el uso que se haga de ella–, que la mujer resulta “invisible” en el habla –sería más bien “inaudible”–, y las quieren cambiar por decreto, ya está. Exigen que se diga esto y lo otro, que se suprima del Diccionario aquello, y que sus ocurrencias adquieran rango de norma general. A menudo son de una ignorancia tan descomunal que, cuando se les señala, hacen como si no se hubieran enterado y a las pocas semanas vuelven a la carga con un nuevo engendro o arbitrariedad. O bien se enfurecen, e insultan a quienes hemos tratado de hacerles ver lo absurdo de sus propuestas. Eso los encorajina más, como suele ocurrirles a cuantos se dan cuenta tarde de que no llevan razón.

La penúltima pataleta ha sido la del “lapsus”, según ella, de la Ministra de Igualdad. Antes de que me hubiera enterado, ya me estaban llamando de agencias para que opinara sobre las “miembras” de la señora Aído. Aburrido como estoy de estas cuestiones, no cogí el teléfono ni una vez. Pero a los pocos días, en una rueda de prensa con motivo de la aparición de un libro, me cayó la inevitable pregunta, a la que respondí que decir “miembra” me parecía tan estúpido como si los varones empezáramos a decir ahora –y aún más grave, a exigir que se diga– “víctimo” cuando se hable de uno de nosotros, o “colego”, o “persono” o “pelmo”. Esto es, hay vocablos que son invariables y cuya terminación en a o en o no indica género. Si yo escribo que Carrero Blanco fue víctima de ETA, he de seguir empleando el femenino –por ejemplo en la frase “y ha sido la de mayor rango de todas ellas”–, por mucho que las exageradas cejas de aquel Almirante no admitieran dudas sobre su sexo. Lo mismo que si afirmo que John Wayne era una persona afable, debo añadir “y querida por cuantos la conocieron”, por mucho que Wayne se erigiera en uno de los símbolos de la virilidad (pese a llamarse Marion, por cierto, en la vida real). ¿Tan difícil de entender es esto, Santa Virgen? Una momia del feminismo (a propósito, al decir “momia” tampoco indico si me refiero a una mujer o a un varón, es otra palabra invariable que sirve para los dos sexos, ¿o preferirían sus señorías que escribiera “momio” y “señoríos”?) aprovecha para condenar el empleo de “homicidio” en todos los casos, aunque el víctimo sea mujer, y aboga por la imposición de “feminicidio”. He ahí una nueva muestra de ignorancia brutal. La etimología de “hombre” es “humus”, sustantivo femenino que significaba “tierra” o “suelo”, lo cual más neutro no puede ser (de ahí “inhumar” o “exhumar”); y por eso, al decir “el hombre” en general, se está diciendo exactamente lo mismo que al decir “el ser humano” o “la humanidad”, que a los feministas a ultranza les parecen contradictoriamente bien, pues tanto “humano” como “humanidad” derivan de “hombre”. Así, “homicidio” engloba la muerte a manos de otro de cualquier miembro de nuestra especie, lo mismo que “elefanticidio” o “canicidio” englobaría la de cualquier elefante o perro, sin necesidad de precisar en cada ocasión si se trata de un elefante o un perro macho o hembra. Se habla de “el hombre” –“el terroso”, en origen– como se dice que “el león es carnívoro” o “la rata frecuenta las alcantarillas” o “el tigre es muy peligroso” o “la jirafa tiene el cuello largo” o “la cebra es rayada”. Según estos plastas, tendríamos que hablar siempre de “la jirafa y el jirafo”, “la rata y el rato”, “el tigre y la tigresa” y “la cebra y el cebro”. Desean hacer de la lengua algo odioso, inservible y soporífero. Por lo demás, hace muchos años ya sostuve que cuantos sueltan la coletilla de “los españoles y las españolas”, “los ciudadanos y las ciudadanas” y demás, son sin excepción farsantes y demagogos de los que nadie se debería fiar. (Ahora hay también traductores que falsean los originales, y donde en inglés pone “the workers”, ellos colocan “los trabajadores y trabajadoras”, y todo así.) Porque lo cierto es que jamás siguen como estarían obligados a hacer. Nunca añaden: “Los vascos y las vascas están cansados y cansadas, hartos y hartas de que los y las engañen, los y las amenacen, y de ver cómo sus hijos e hijas quedan privados y privadas de futuro”. Saben que espantarían a sus oyentes y que no hace falta. Saben que en realidad, al decir “los vascos”, ya se están refiriendo a los de ambos sexos, y saben que quienes los escuchan lo saben también. Sí, es muy aburrido, todo esto. Se explican las cosas una y otra vez, pero de nada sirve, así que hay que volver a explicarlo y a argumentar. La única conclusión a la que se llega es que este país tan plomizo está lleno de desocupados (y desocupadas), y que poco a poco lo acaban por convertir a uno en un pelma (y en una pelmo, por si las moscas).

martes, 19 de agosto de 2008

Hasta siempre Juan


Aunque esperada, la noticia de la muerte de Juan Moro me ha llenado de tristeza. Izquierda Unida en Almodovar y en la comarca ha perdido a uno de sus referentes más cualificados. Se ha ido en silencio, sin decirnos adiós.Se ha ido el mismo día del aniversario del asesinato de Federico García Lorca.
Juan era un dirigente político listo,capaz,experto, inteligente,estratega, y sobre todo comprometido.Pero Juan era, ante todo, una gran persona, un buen amigo y un buen compañero. Por ello, además de respetarle, le quería.

Los recuerdos se me amontonan y no me salen nada más que palabras tristes. Juan Moro tenia mi edad, tenía 48 años, somos de la misma generación.Más de una vez lo comentamos. Empezamos en la política casi al mismo tiempo.En las múltiples (yo diría que diarias)llamadas telefónicas que le hice en la legislatura pasada , siempre salia el tema del debate interno de IU ,de lo que podíamos hacer, de la política local, de la comarca, siempre coincidía con el .Siempre le pedía consejo sobre el urbanismo,sobre el ayuntamiento, sobre múltiples temas municipales.
Sabia de su enfermedad , mas de una vez no lo moleste por lo mismo. Cada vez que veía a los compañeros de Almodovar preguntaba por Juan. Me gustaba de Juan , su acierto,su forma de ver la política local, el municipalismo, su gran experiencia y porque estaba ,a pesar de su edad, de vuelta de casi todo. Era un político "a pie de obra"

Hace unos meses, unos días antes de la asamblea provincial "conspiramos" juntos ,pero ya estaba muy mal, en esa misma reunión tuvo que ir la ambulancia a por el. Recuerdo siempre en las reuniones del Consejo Provincial me sentaba a su lado y siempre le pedía opinión .

Para los que no creemos en Dios y que,pensamos, no hay más vida que ésta. Es en ésta vida en la que tenemos que hacerlo todo, no hay más premio para las personas cuando nos dejan que el recuerdo vivo de sus seres queridos ,de su familia ,de tus camaradas,de tus compañeros y de tus amigos .
Hoy se nos ha ído un pedazo de nosotros. Pero también se queda en cada uno de los que tuvimos la inmensa suerte de conocerte. Porque tú ,compañero,eres de los imprescindibles y te vamos a echar de menos.
Gracias Juan y hasta siempre camarada

miércoles, 23 de julio de 2008

!VIVA LA SOCIALDEMOCRACIA!

Resulta paradójico cuando iban bien los negocios del ladrillo los empresarios, ciertos políticos , tertulianos y demás ralea reclamaban la no injerencia del los poderes públicos en la economía, al más puro liberalismo. Eso sí, cuando la crisis aprieta exigen inmediata ayuda de la Administración, desde luego a fondo perdido.

Esa mala costumbre, por lo que se ve, siguen muy arraigadas en algunos sectores económicos y empresariales de nuestro país . Es cierto que el discurso se ha modernizado y hasta se ha hecho “más social”. Ahora se trata de “salvar empleos”, "de mejorar la competitividad", "de hacer frente a las exigencias de la globalización" e incluso de adaptarse a las nuevas exigencias medio ambientales o de menor consumo energético. Resulta escandaloso ver a estos conversos pedir a Solbes, ayudas, subvenciones, desgravaciones, moratorias, inversiones, gasto público, etc. ¿Pero dónde estaban estos empresarios “socialdemócratas” en los años de las vacas gordas? Haciendo enormes fortunas, recurriendo a equipos de asesores para hacer ingeniería fiscal y pagar o eludir impuestos, reclamando menor presión fiscal, moderación salarial y flexibilización de la contratación laboral, y unos cuantos, bastantes, directamente comprando alcaldes, concejales,políticos, jueces, abogados….Su modelo era Bush y los neocons. Pero cuando la avaricia ha roto el saco, se acuerdan del (papá)estado socialdemócrata. La historia siempre se repite.

Mientras tanto, el Sr. Presidente del Gobierno en el limbo, en su afán de quedar bien con todos ,esta pensado como resolver la crisis o desaceleración, o como se llame, llamando a los portavoces de la oposicion , a banqueros, sindicatos, empresarios etc. al cabo de los dias que ha consumido buena parte del capital político y de los recursos económicos que el Gobierno tenía para afrontarla.. Y la clase periodística mas pendiente , si Zapatero pronuncia la palabra mágica: CRISIS ,que de la situación de miles de ciudadanos que lo están pasado realmente mal .

lunes, 14 de julio de 2008

Bonita historia de Obdulio Jacinto Muiños Varela: el Negro Jefe


No volverá a jugarse un partido como el maracanazo, ni existen ya hombres como el Negro Jefe. Se ha escrito mucho sobre aquel día, 16 de julio de 1950, la fecha del fin del mundo, y sobre la hazaña del Negro. Lo realmente épico, sin embargo, fue la noche. El Negro salió a beber, aquella noche. Entre una cosa y otra, la noche del Negro Jefe duró 46 años, y terminó con su muerte, el 2 de agosto de 1996.
El Negro Jefe dio el balón a Ghiggia y éste marcó el 2-1. Fue el fin del mundo. No hubo ni música ni entrega de trofeos
Recapitulemos, aunque todo sea ya muy conocido.
Obdulio Jacinto Muiños Varela nació mulato, pobre y asmático en Curva de Industrias (Montevideo) el 20 de septiembre de 1917. Sus padres se separaron y él, como sus hermanos, tuvo que buscarse la vida. Fue limpiabotas y vendedor a domicilio. Empezó a jugar al fútbol, aunque no era muy bueno: ni muy rápido ni muy técnico. Pronto se vio que lo suyo era otra cosa. Lo suyo era el carácter. Los compañeros le obedecían y los rivales le respetaban. Cuando llegó al Wanderers de Montevideo, en 1937, ya era el Negro Jefe, el medio centro, o centrojás (por centre-half), más prestigioso del país.
Nunca perdía los nervios y sabía lo que vale un gesto. Cuando ya estaba en Peñarol, durante un partido contra Nacional, su compañero Montaño recibió una patada salvaje y el árbitro pitó una simple falta. El Negro Jefe cogió el balón y se acercó al árbitro: "Señor juez", dijo, "si alguno de mis futbolistas llega a dar una patada como la que aquel señor acaba de dar, le ruego que lo expulse, porque en mi equipo un jugador que pega así no merece seguir en la cancha".
Peñarol fue uno de los primeros equipos en lucir publicidad en la camiseta. La llevaban todos, menos el Negro Jefe, que se negó. En 1945, tras una victoria de Peñarol sobre el River Plate argentino, los directivos decidieron premiar a todos los jugadores con 250 pesos, y con 500 al Negro Jefe. Que no estuvo de acuerdo: "Yo jugué como todos; si ustedes creen que merecí 500 pesos, son 500 para todos; si ellos merecieron 250, yo también". Y fueron 500 para todos.
Los directivos le odiaban. El sentimiento era recíproco.
Y llegó el maracanazo: la final del Mundial de 1950, Brasil-Uruguay, en el nuevo estadio de Maracaná, con 198.000 entradas vendidas. El torneo se disputó como liguilla, sin eliminatorias, y a Brasil, la mejor selección del momento, le bastaba un empate para alzar el trofeo. A Uruguay se le reservaba el papel de víctima noble, y los propios dirigentes uruguayos asumían ese destino. La arenga en el vestuario fue deprimente: "Con llegar a la final ya han cumplido, traten de no comerse seis goles y jueguen con guante blanco". Mientras recorrían el pasillo entre el vestuario y la cancha, con casi 200.000 voces brasileñas atronando el estadio, el Negro Jefe hizo un discurso distinto: "No piensen en toda esa gente, no miren para arriba, el partido se juega abajo, y si ganamos no va a pasar nada, nunca pasa nada".
Brasil marcó, en el minuto 2 de la segunda parte. Entonces el Negro Jefe tomó el balón bajo el brazo y se dirigió al árbitro inglés para reclamar, con todo respeto, un fuera de juego. El árbitro no le entendió y hubo que llamar a un intérprete. Pasaron varios minutos. El Negro Jefe sabía lo que hacía: ganar tiempo, calmar el ambiente, iniciar una guerra de nervios.
En cuanto se reanudó el juego, el Negro Jefe sólo dijo una palabra a sus compañeros: "Seguidme". En el minuto 17, el uruguayo Schiaffino empató el partido. Y a falta de 10 minutos, el Negro Jefe dio el balón a Ghiggia y éste marcó el 2-1. Fue el fin del mundo. No hubo ni ceremonia final, ni música, ni entrega de trofeos. El Negro Jefe tuvo que arrebatarle la copa de las manos a un desorientado Jules Rimet, presidente de la FIFA. Brasil entero lloraba.
La selección brasileña no jugó otro partido en dos años. Y no volvió a lucir el color blanco que vestía hasta el maracanazo.
En esa noche amarga de Brasil, el Negro Jefe se negó a celebrar la victoria con sus compañeros. Se marchó a recorrer bares, triste por los vencidos. Acabó bebiendo y consolándose con varios aficionados brasileños. Al día siguiente no quiso fotos, ni compartir festejos con los federativos. No sentía ningún ardor patriótico. ¿La explicación? "Mi patria es la gente que sufre". Le dieron un dinero y compró un coche viejo, de 1931; se lo robaron a la semana siguiente.
Se retiró en 1955 para vivir en la pobreza con su mujer, y siguió rumiando, como si la noche del maracanazo fuera infinita, su desprecio por los dirigentes y su compasión por los brasileños. "Ganamos porque ganamos, nada más", afirmó, muchos años más tarde. "Nos llenaron de pelotazos, fue un disparate. Jugamos cien veces, y sólo ganamos ésa". Los más grandes escritores de fútbol, Fontanarrosa, Soriano, Galeano, publicaron obras sobre el Negro Jefe.
Obdulio Varela, el Negro Jefe, murió en 1996, meses después de morir su mujer. Sus botas de Maracaná y su camiseta, con el número 5, se guardan en la Federación Uruguaya. Al final, hasta eso se quedaron los dirigentes. -
Obdulio Varela, el reposo del centrojás, en Artistas, locos y criminales, de Osvaldo Soriano. Bruguera, 1983.

sábado, 28 de junio de 2008

JUAN JOSÉ MILLÁS: “El burdel”.

Ser decente es una lata. Implica creer en la dignidad del ser humano y todo eso. Hay cosas (explotar a un semejante, por ejemplo) que una persona honorable no puede permitirse. ¿Pero a quién no le apetece echar de cuando en cuando una cana al aire? Los padres de familia tradicionales (ejemplares, por lo general) tenían para desahogarse el burdel, donde azotaban el culo de las chicas o pedían a las chicas que azotaran el suyo. ¿Por qué no hay burdeles para que las personas virtuosas descansen de su ejemplaridad? Pues sí los hay: ahí está el Parlamento Europeo, donde llegas un día agobiado por las obligaciones morales características de un político honesto, y te puedes permitir el lujo de votar una jornada laboral de 60 horas semanales. Sesenta horas semanales de trabajo son una perversión, como practicar el sexo con correas y lavativas. Equivalen a 12 horas diarias, sin contar los desplazamientos. Porno duro, en fin. ¿Pero a quién no le apetece de vez en cuando despendolarse un poco? ¿Quién no alberga en el fondo de su alma fantasías sadomasoquistas? Pues ahí está el Parlamento Europeo para dar salida a todas estas necesidades. Pongamos que usted, pese a ser un individuo cabal, ha soñado en alguna ocasión con tener en un sótano a un niño, jugar con él durante equis meses y luego abandonarlo en cualquier país. Pues eso lo puede votar ahora mismo en el Parlamento Europeo. Y quien dice un niño dice un hombre hecho y derecho. Coger a un negro, qué maravilla, y encerrarlo una temporada por hambriento, para que aprenda, sin consecuencias de ninguna clase. El burdel es una institución absolutamente necesaria. Reconocer su existencia significa reconocer el lado oscuro del hombre. Si bien no tenemos nada contra sus clientes, nos gustan las personas que, como Borrell u Obiols, se niegan a utilizar sus servicios.
Leído en El País el 27/5/2008